Durante una ola de calor, las horas centrales del día se hacen largas y pesadas. Salir a hacer recados, cocinar o limpiar bajo ese calor cuesta el doble. En muchas casas del sur se ha aprendido desde siempre a repartir el día de otra manera: lo que exige esfuerzo, a primera hora o al caer la tarde, y el mediodía, para la sombra y la calma. Es una forma sencilla de vivir mejor con el calor.
Mañana temprana y tarde
Aprovecha las primeras horas de la mañana para las tareas más pesadas. Haz la compra, pasea al perro, saca la basura, limpia y pon la lavadora cuando el aire todavía está fresco. Si tienes que cocinar, hazlo temprano y prepara platos que puedan comerse fríos o templados, como ensaladas, gazpacho o tortilla. Así no tendrás que encender los fuegos ni el horno a mediodía, cuando la cocina es un horno.
A mediodía, cierra las persianas y baja los toldos si los tienes. Mantén las ventanas cerradas mientras el sol calienta y vive en las habitaciones más frescas de la casa, normalmente las que dan al norte o las de la planta baja. Es buen momento para leer, descansar, ver una película o jugar a algo tranquilo con los niños. Bebe agua con frecuencia y sigue las indicaciones oficiales sobre el calor de tu zona.
Cuando cae la tarde y el aire refresca, abre las ventanas y ventila toda la casa. Ese es el momento de salir a pasear, de hacer los recados que quedaron pendientes o de regar las plantas. Las calles se llenan de gente, los niños juegan en la plaza y la vida vuelve a la calle. Cenar tarde y tranquilamente, en la terraza si puedes, es uno de los placeres del verano.
Planifica la semana teniendo en cuenta el calor. Anota lo que quieres hacer cada mañana, deja lo demás para otro día y no te exijas demasiado. Si trabajas, intenta mover tus horas más exigentes a la mañana, siempre que sea posible. Cuando pasa la ola de calor, esta forma de organizarse puede quedarse contigo como un hábito que hace los veranos más amables y ordenados.