Cuando llegas cansado a un sitio nuevo, lo último que quieres es vaciar toda la maleta para encontrar el cepillo de dientes. Una bolsa pequeña con lo imprescindible para la noche y la mañana, colocada arriba de todo, resuelve ese momento. Es un truco muy simple y funciona en cualquier viaje, sea en avión, en tren o en coche, y también en una visita a casa de familiares.
Qué lleva la bolsa
Elige una bolsa o neceser que puedas cerrar y que sea fácil de distinguir. Mete en ella lo que necesitas por la noche: pijama, cepillo de dientes, pasta dentífrica, jabón pequeño, crema, gafas de repuesto si las usas, y una camiseta limpia para el día siguiente. Añade un cargador de móvil, una linterna pequeña y unos tapones para los oídos. No hace falta llevar mucho, solo lo que usarás las primeras horas.
Coloca la bolsa arriba, justo debajo de la tapa de la maleta, donde no tengas que buscar. Así, al llegar, abres la maleta solo un poco y sacas la bolsa. El resto puede quedar cerrado hasta la mañana, cuando haya luz y ganas de organizar. Si la maleta es muy llena, guarda la bolsa en el bolso de mano, para llegar a ella sin problemas y sin depender del equipaje facturado.
Añade un pequeño paquete para la mañana. Puede ser un cambio de ropa interior, calcetines, una toalla pequeña y algo para desayunar rápidamente. Si tienes que salir pronto, ese paquete te permite prepararte sin tener que abrir todo. Guarda los documentos, las llaves y la cartera en un bolsillo aparte, y ponlos siempre en el mismo sitio cada noche.
Repite el sistema en cada viaje. Después de volver a casa, lava lo que haga falta, repón lo gastado y vuelve a llenar la bolsa. Apunta lo que echaste en falta y añádelo la próxima vez. Con el tiempo, esa bolsa se convierte en un pequeño ritual que da tranquilidad, y llegar a cualquier lugar, aunque sea tarde, deja de ser una carrera contra el cansancio.