Un vuelo nocturno: manta, cojín de viaje y luz apagada

Ilustración de un paisaje

Un vuelo nocturno es un viaje en el que la cabina se vuelve silenciosa y oscura, y muchos pasajeros intentan descansar. Aunque el espacio es reducido, con unos pocos objetos y algo de organización puedes estar más cómodo. No se trata de conseguir nada especial, sino de hacer el trayecto lo más agradable posible y llegar a destino con buen ánimo.

Lo que llevas puesto

Empieza por la ropa. Elige prendas cómodas y en capas: una camiseta, un jersey fino y una chaqueta que puedas quitarte o ponerte según el ambiente. Las cabinas suelen enfriarse por la noche, así que unos calcetines gruesos son un buen aliado. Evita cinturones apretados y zapatos estrechos, y si quieres, cámbiate a unas zapatillas cómodas durante el vuelo, guardando los zapatos en la bolsa.

Lleva una manta ligera o un chal grande, que te sirva para taparte los hombros o las piernas. Un cojín de viaje para el cuello ayuda a apoyar la cabeza sin torcerla, aunque cada persona tiene su preferencia. Si no tienes uno, una chaqueta enrollada o un jersey doblado hace de almohada improvisada. Un antifaz y unos tapones para los oídos completan el equipo y son fáciles de guardar.

Organiza tus cosas antes de apagar la luz. Deja en el bolso bajo el asiento lo que vayas a necesitar: botella de agua, pañuelos, el móvil y los documentos. Guarda en el compartimento superior lo que no vayas a usar. Cuando llegue el momento de apagar la luz de lectura, hazlo con calma, ajusta la pantalla del asiento y baja la persiana de la ventanilla si la hay.

Si sabes que el vuelo será largo, tómate tiempo. Levántate si puedes, estira las piernas y bebe agua. Al aterrizar, guarda la manta y el cojín en la bolsa para tenerlos a mano en el próximo viaje. Un vuelo nocturno no tiene por qué ser una prueba: con algo de preparación se convierte en un rato de calma entre dos lugares, y llegas con la sensación de haber viajado con cuidado.