Una noche en hamaca: colgarla entre dos árboles, manta y plan por si llueve

Ilustración de un paisaje

Una noche en hamaca, entre dos árboles, es una manera tranquila y ligera de dormir al aire libre. No hace falta llevar una tienda, y la hamaca cabe en una bolsa pequeña. Eso sí, conviene prepararlo bien: elegir el sitio, asegurarse de que los árboles aguantan, pensar en la manta y tener un plan por si llueve. Antes de salir, mira el tiempo, avisa a alguien de dónde vas a estar e infórmate de lo que está permitido donde estés.

Colgar la hamaca con seguridad

Busca dos árboles vivos, gruesos y firmes, a una distancia parecida a la longitud de la hamaca. Comprueba que no tienen ramas secas o sueltas encima, ni un hormiguero cerca. Usa correas anchas para rodear el tronco, así no dañas la corteza, y no cuelgues la hamaca demasiado tensa: debe formar una curva suave. Prueba primero sentándote, con los pies cerca del suelo, antes de acostarte del todo.

La hamaca enfría desde abajo, porque el aire pasa por debajo. Por eso conviene poner una manta o una esterilla entre tu espalda y la tela. Una manta ligera por encima y una chaqueta doblada como almohada completan la cama. Si hay mosquitos, una mosquitera colgada sobre la hamaca ayuda mucho. Lleva también una lámpara frontal, que dejarás siempre en el mismo bolsillo para encontrarla a oscuras.

Piensa en la lluvia antes de que llegue. Cuelga una lona encima de la hamaca, atada a los mismos árboles o a otros cercanos, con una inclinación para que el agua resbale. Comprueba que no gotea sobre la hamaca ni sobre tus cosas. Guarda la ropa y la mochila en una bolsa impermeable o bajo la lona. Si la previsión es mala, mejor cambiar de plan y buscar otro lugar para dormir.

Por la mañana, sacude la hamaca y déjala secar al aire antes de guardarla. Recoge todos los restos y deja el lugar como lo encontraste. Comprueba que las correas no han dejado marcas en los árboles y que no queda nada colgado. Una noche en hamaca es sencilla y ligera, y tiene algo especial: la sensación de dormir mecido por el viento entre las hojas, con un techo de estrellas.